Desde las polvorientas canchas de Pescaíto en Santa Marta, Carlos Alberto Valderrama Palacio ya mostraba que su pie derecho tenía una conexión especial con el balón. No era solo jugar, era dictar el ritmo del juego.
Su debut profesional en Unión Magdalena fue solo el primer paso de un viaje que lo llevaría a ser reconocido dos veces como el mejor futbolista de América (1987 y 1993).